EVALUACION FORENSE: Abuso Sexual Infantil

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  • Robles Mendoza, Alba Luz |

La violencia es, y ha sido manifestada por el ser humano mediante un sinnúmero de formas, entre las que se encuentra la violencia sexual, entendida como una forma de violencia social de contenido sexual que implica el uso de la fuerza y agresión de una persona hacia otra(as) (Bedolla, 1989). La violencia sexual representa una relación de poder y dominio entre los sexos a través del ejercicio de la sexualidad impositiva.


Tradicionalmente las mujeres han sido las víctimas más comunes dentro de la historia de la violencia de acuerdo a diferentes grados y matices que van desde las agresiones verbales y físicas de tipo sexual, el asedio sexual escolar y laboral, el maltrato doméstico y en el extremo la violación (Valladares, 1993; Masters, Johnson y Kolodny, 1987).

En la última década, se ha demostrado que los infantes son también víctimas frecuentes de la violencia física, sexual y emocional; no porque no haya existido antes, sino por la importancia social que se ha manejado sobre las condiciones y derechos en los cuales se encuentra el menor de edad. En el caso particular, sobre la violencia en la familia dirigida al infante, Kempe y Kempe (1979) mencionan cuatro categorías para clasificar el acto agresivo en contra del menor: violencia física, abandono físico o emocional, maltrato emocional y explotación de niños mediante actos tales como: incesto, abuso sexual y violación.

El abuso sexual hacia el menor es uno de los eventos con mayor frecuencia en nuestras familias, tanto que se le ha categorizado como “el crimen oculto”. Sus acepciones varían dependiendo de la concepción ideológica y disciplinaria de la cual se aborde. Por ejemplo:

Kempe y Kempe (1979) la definen como el involucramiento de niños y adolescentes dependientes e inmaduros, en cuanto a su desarrollo psicosexual, en actividades sexuales que no comprenden y para las cuales son incapaces de dar su consentimiento informado.

Otras definiciones nos mencionan que el abuso sexual es cuando un adulto o un adolescente mayor tiene contacto físico con un menor para estimularse y gratificarse sexualmente (Mc Fall, 1986); o bien es la relación de un adulto con un infante o de un infante con otro infante con una diferencia de edad de cinco años que comprende actividades de tocamiento, frotamiento, exhibición, masturbación y/o manipulación de genitales, en donde se utiliza la fuerza física, fuerza moral, intimidación, engaño, coerción, amenaza, soborno y/o chantaje (PIAV 2001). 

El niño(a) que ha sido víctima de abuso sexual en muchas ocasiones no presenta daño físico alguno, debido a las mismas características del hecho. Sin embargo, las consecuencias que esto conlleva van más allá de la agresión física que se pueda cometer. 

Dentro de algunas consecuencias de este abuso se encuentran:
• Físicas: Dolor y comezón en las zonas genitales, sangrados y hematomas en regiones de vagina, pezones, muslos o glúteos, desgarros en zonas internas como: ano, boca, vagina; flujo y/o infecciones vaginales, entre otros 
• Emocionales: Miedos generales, ansiedad, pesadillas, insomnio, angustia, sentimientos de culpa y vergüenza, falta de apetito, depresiones, presencia de cambios abruptos de conductas, desconfianza en sus acciones y en sí mismo,
autoimagen negativa, sentimientos de soledad y abandono, inseguridad, consecuencias a largo plazo (problemas sexuales, problemas de pareja, fracasos escolares o laborales, conductas delictivas) 
• Sociales: Retraimiento, aislamiento, agresividad, inhibición, deterioro académico, interés exagerado por el conocimiento de la sexualidad, problemas de identificación psicosexual, confusión del papel de niño (a) en las relaciones familiares, rebeldía, sumisión exagerada, falta de confianza, problemas de relaciones interpersonales, manifestaciones de actitudes compulsivas (comida, aseo, deporte, escuela), represiones, entre otras.
 
El grado que afecte el abuso sexual al niño(a) dependerá de varios factores: su edad, su desarrollo hasta el momento, si la ofensa es cometida por un extraño o familiar, si ocurrió una vez o varias veces (tiempo), el grado de violencia ejercida en el abuso, la estabilidad y apoyo familiar que tenga y la intervención de la ayuda profesional y psicológica que se le brinde (Cú Farfán & Suasnavar, 1990; Contreras, Hernández & Pérez, 1991; Escamilla & Hernández, 1994; Castro, 1992). A raíz del surgimiento de centros de atención que ayudan a superar la gravedad de las consecuencias antes mencionadas que conlleva el abuso sexual al menor, se ha encontrado que los datos estadísticos muestran cifras altas con respecto a este delito. El PIAV-UNAM, en sus resultados sobre el servicio al público en el período de 2000 a 2001, maneja un promedio de 600 casos por año de abuso sexual infantil. Aunque este dato no refleja la frecuencia con que este hecho ocurre, es alarmante saber el porcentaje que busca apoyo psicológico al respecto.

El papel que juega la multidisciplinar en esta problemática social es de suma importancia, ya que el abuso sexual no solo repercute en el desarrollo psicosexual del menor sino en su entorno familiar, escolar y social del sujeto. Para ello se requiere además de los conocimientos y habilidades para la atención y prevención de este problema social, de la sensibilización e intervención multi e interdisciplinaria. Los lugares en donde se realiza la detección del abuso sexual del menor y su consecuente intervención pueden ser: clínicas de salud, escuelas, guarderías, consultorios médicos y psicológicos, centros de justicia, DIF, centros de atención y apoyo a víctimas de delito, entre otros. Esto no quiere decir que sólo a nivel institucional se realiza la detección del problema, sino que la existencia del abuso sexual infantil es multisocial y por tanto multicausal.

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Robles Mendoza, Alba Luz

Robles Mendoza, Alba Luz